Hoy he despedido a mi asistente. A mi guapo, sexy, inteligente y carismático asistente, ¡sniff!
La verdad fue inevitable tomar la decisión. Lo que hizo no tiene perdón.
Era mi cumpleaños, número 42. Mi humor no estaba muy bien que digamos. Aquella mañana, al despertarme, me dirigí a la cocina para tomar una taza de café, a la espera de que mi marido me dijese: ‘¡Feliz cumpleaños, mi amor!'. Pero él no me dijo ni buenos días... Y me dije a mí misma: "¿¿¿Ése es el hombre que yo me merezco???".
Luego continué imaginando: "Los niños seguro que se acordarán", me dije a mí misma, algo sonriente.
Pero cuando llegaron a desayunar los malditos mocosos, no dijeron ni una palabra.
Así, salí de casa bastante desanimada. Sin embargo, me sentí un poco mejor cuando entré en mi oficina y mi becario me dijo:
"Buenos días, ¡Licenciada, feliz cumpleaños, luce más hermosa que nunca!".
¡Ufff! Finalmente alguien se había acordado...
Trabajamos hasta el mediodía, cuando mi guapo, sexy, inteligente y carismático asistente entró en mi despacho, diciendo:
"¿Sabe qué, Licenciada? El día está precioso y, ya que es su cumpleaños, podríamos almorzar juntos, solos, Usted y yo...".
Acepté, y fuimos a un lugar bastante reservado. Nos divertimos mucho, y en el camino de vuelta, él propuso:
"Con esta tarde tan bonita, creo que no deberíamos volver a la oficina. Vamos hasta mi apartamento, y allí podemos tomar una copa".
Fuimos entonces para su apartamento, y mientras yo saboreaba un martini Cosmopolitan que este tipazo me había preparado, me salió con esto:
"Si no le importa, voy un momento hasta mi cuarto a ponerme una ropa un poco más cómoda...".
"Está bien, como quieras", respondí un poco temblorosa.
Pasados cinco minutos, más o menos, él salió del cuarto con un enorme pastel con 42 velitas, seguido por mi marido, mis hijos, mis amigos y todo el personal de la oficina. Y todos cantando "¡Éstas sooon las mañaniiitaaas...!".
Y allí estaba yo, desnuda, sin sostén ni choninos, echada en el sofá de la sala, esperándolo con un hielito entre los dientes.
Por eso lo corrí al condenado... ¡esas cosas de plano no se hacen!

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados